Cuando algo nos lastima profundamente, es normal sentir tristeza, enojo o decepción. Pero estas emociones, aunque son normales, se vuelven nocivas cuando las sostenemos por mucho tiempo, pues nos generan resentimiento y este, está comprobado, daña nuestra salud. Sanar nuestras heridas es fundamental para librarnos
de las emociones aflictivas, pero ¿cómo lo hacemos. El único camino es a través del perdón.
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