Durante siglos fuimos uno con la naturaleza. Los bosques eran exuberantes, las especies de animales y de flores vivían bajo leyes de la naturaleza. Pero apenas llegamos con nuestra sed de progreso, destruimos el equilibrio. Por cada rincón de la tierra que elegimos para agricultura, ganadería o generación de energía, por cada zona elegida por las industrias para tomar materia prima para producir productos, la biodiversidad desaparece.
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